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Conservadora, pero inexorablemente enlazada con la modernidad, medieval y mediterránea, humilde y presuntuosa a la vez, la ciudad espirituana celebró este 4 de junio su cumpleaños 505, algo así como la primera gran festividad después del jubileo por el medio milenio, en 2014, que consagró a la otrora villa por su belleza, por la conservación de su patrimonio y por el valor de sus hijos.

Según han podido precisar los historiadores más persistentes, el villorrio nació a orillas del río Tuinucú, entre dos arroyos que luego tendrían por nombre El Fraile y Pueblo Viejo, aunque no tardó más que unos pocos años en iniciar su traslado hacia las márgenes del Yayabo, donde echó raíces hasta los días de hoy, se involucró en la vida nacional, alcanzó su condición de ciudad por Real Orden en 1867 y se convirtió en capital de provincia en 1976.

«Algunos dicen que Sancti Spíritus es una ciudad que parece dormida, pero yo puedo asegurarles que está bien despierta», dijo a Escambray Alexis Lorente Jiménez, diputado al Parlamento cubano y presidente de la Asamblea Municipal del Poder ­Popular, al anunciar las festividades en ocasión de la efeméride.

Entre las obras que han recibido un notable impulso en los últimas semanas se cuentan la Casa de las promociones musicales; las terminales de ferrocarriles y de ómnibus provinciales; un laboratorio de prótesis en la clínica estomatológica municipal; el café Cubita, en el bulevar; una nueva línea de galletas y la tienda Quinto siglo; a lo que se suman el remozamiento y pintura de inmuebles ubicados en el centro histórico; la recuperación de parques y otros espacios públicos; así como la ­rehabilitación de varias instalaciones del comercio y la gastronomía.