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Desde centurias anteriores Cuba ha sido pensada como país, como señaló a la prensa el profesor universitario Fabio Fernández Batista; sin embargo, no todas esas líneas de pensamiento sobre nuestra realidad conectaron con el carácter inclusivo del concepto defendido hoy por el presidente Miguel Díaz-Canel, que asume la participación de las grandes mayorías y distanciado, al mismo tiempo, del proyecto elitista del Autonomismo del siglo XIX por apenas referir un ejemplo.

pensar comopais

Hurgando en la historia, la génesis de la perspectiva actual puede encontrarse en el independentismo cubano y sus Asambleas Constituyentes; en el proyecto martiano y su horcón unitario, el Partido Revolucionario Cubano; en la “década crítica” (1920-1930), denominada así por Juan Marinello…, que derivaron en la Revolución cubana, que no dejó zozobrar Fidel Castro, junto al pueblo, a pesar de los vientos y tempestades, venidos del norte y de otros confines del mundo.

El pensar como país que convoca en este minuto, se enlaza con el concepto de Revolución, expresado por Fidel el primero de mayo de 2000, compendio de su legado, en opinión de la enfermera Yacmila Fernández Hernández, del policlínico Rosa Elena Simeón, de La Sierpe, quien sugiere ver a Cuba como una casa, una familia inmensa, donde el problema de uno deber ser también del otro.

“Hay mucha gente que dice: lo mío primero; sería mejor: lo nuestro primero —agrega—. Eso haría que no haláramos la guataca nada más para uno, como vemos bastante por ahí. Además, tendríamos que responder con actitudes concretas las preguntas que hacía Díaz-Canel: ¿qué puedo hacer?, ¿qué puedo aportar? En nuestro caso, que cada paciente, nuestra razón de ser, se vaya satisfecho con la atención recibida; aunque quizás el dolor físico por el que vino no se le haya aliviado por completo”.

Lo asevera esta enfermera que a deshora puede vérsele asistir a algún vecino de su barrio ante el reclamo de un familiar, como lo ha apreciado la jubilada Haydée Rodríguez, para quien pensar como país es no abstenerse ante lo que corroe a esta isla, es sentir en el microcosmos personal, la alegría y las dolencias de la nación.

Ello se traduce, en palabras de Yolanda Brito Águila, presidenta de la Asociación de Comunicadores Sociales en Sancti Spíritus, en que la realidad no nos puede ser indiferente, que el proyecto de la Cuba soñada debe sostenerse en el principio de una ciudadanía activa, es decir, en la construcción colectiva, sin olvidar la heterogeneidad de nuestro tejido social, que implica oír opiniones diversas, incluso divergentes.

Entrevistado para el programa televisivo Mesa Redonda, el Doctor Raúl Garcés Corra, decano de la Facultad de Comunicación, de la Universidad de La Habana, comentaba que pensar como país deviene oportunidad para descentralizar la inteligencia, de convencernos de que el pensamiento no se genera únicamente de arriba hacia abajo, viceversa o en el medio, sino desde todas partes; es una oportunidad para reivindicar la posibilidad de la ciudadanía, de los decisores, de la sociedad toda, de encontrar soluciones en una nación con tradición de unidad y de resistencia.

Pensar como país, que debe convertirse en un ejercicio cotidiano, es izar las velas de la innovación, de la creatividad, en lo más alto del mástil; potenciar la reservas de hacer que habita en cada persona; limpiar de la mentalidad todo atisbo de herrumbre; abrirles las puertas de par en par a los jóvenes, sin que medien prejuicios. Es cerrarle la muralla a las trabas y a su pariente más cercano, el burocratismo; es poner el “nosotros” por encima del “yo”, sin anular la individualidad; es, en definitiva, el crecimiento colectivo de una nación.

Tomado de RADIO SANCTI SPIRITUS